sábado, 26 de noviembre de 2011

Valores perennes del Rito Moderno en el XVIII (I)

Intentaremos en varias entradas exponer una serie de valores perennes de la Masonería del XVIII que permanecen plenamente vigentes más allá de las diversas transformaciones rituales que ha sufrido el Rito Moderno ya bien sea por motivos de regulación u homogenización, o en otros casos, por “modismos” obedienciales en sintonía con determinadas corrientes de pensamiento en momentos históricos concretos.

Así pues, apreciaríamos la viabilidad práctica de la puesta en escena y su objeto final, cual hilo conductor, de cualquier ritual continental elaborado en este siglo.

No debe sorprendernos esta generalización puesto que el calificativo del Rito fue tardío, y al referirnos a la Masonería, hablamos indubitablemente del Rito Moderno.

La apelación Rito Moderno ha quedado pues asociada, y calificada a posteriori, para designar el sistema ritual que atravesó el Canal de la mancha proveniente de la Gran Logia de Londres. Indiscutiblemente este fue el ritual conocido por las primeras logias constituidas en Francia y los Países Bajos, y el de la primera Gran Logia Francesa.

De esta herencia, que obviamente aportó sus usos locales o modificaciones particulares, pero siempre manteniendo su estructura simbólica, el Gran Oriente de Francia marcó una Regulación finalizada en 1786 (Régulateur du Maçon) para los Grados Simbólicos, así como también lo hizo desde 1784 el Gran Capítulo General de Francia para los Grados Capitulares. Otros Orientes europeos siguieron sus propias estructuras, aunque en buena medida, o bien por mimetismo o imposición política, acabaron adoptando este sistema en Siete Grados para el Rito “a secas”.

En el siglo XIX, la expansión de los ritos denominados escoceses generará la aparición de las denominaciones equivalentes (en esa época sí, hoy ya es más discutible) de Rito Francés o Rito Moderno. Vemos como por ejemplo, Vuillaume tituló una parte de su manual Tuileur du Rite Français ou Moderne o Bazot con su Tuileur-Expert en el apartado dedicado al mismo.

Pero no entremos a valorar ahora donde y porqué se ha mantenido una u otra denominación, y si a día de hoy algunas prácticas apeladas Rito Francés han perdido la naturaleza Moderna de sus orígenes.

Volviendo al mensaje masónico original, contemplemos en primer lugar cómo se exponía la práctica de las virtudes.

Rampont, en su en su obra de 1780, nos señala que la Logia “es una asamblea de hombres virtuosos o que desean serlo". Está dirigido por tanto a quienes “tienen por objetivo el honor, la práctica de las virtudes cristianas y como cualidades sociales la decencia y la humanidad”. Prosigue diciendo que “la decencia es inseparable de una alma bella”. El candidato debe tener pues las cualidades de “sujeto fiel, buen hijo, buen esposo, buen padre y amigo perfecto”. Obviamente podríamos entrar en un debate profundo para analizar esos niveles de “Bondad”, si bien, por contraste, llegaríamos a un rápido entente sobre sus opuestos. Rampod nos indica también la exigencia de “un espíritu de paz”, afirmando que “la indulgencia, en todos los casos, es preferible a la venganza” y subrayando el “gran principio de la caridad” al que debe ir unido el de la discreción, puesto que “no debe haber más testigos que el cielo y su corazón”.

Otra pincelada nos la da Uriot en Le secret des Francs-Maçons mis en évidence, de 1742, cuando expone que “Arquitectura, elocuencia, poesía, pintura, música, filosofía, moral, historia, delicados placeres y reglas para la sabiduría, he aquí el objeto de nuestros encuentros” pero apunta como esencial que “entre nosotros sin la caridad, todas las otras virtudes no son nada … Este acto de caridad se ejerce con respeto y delicadeza … el corazón es el lugar de esta virtud”, una caridad cuya acepción es más amplia que como hoy la entendemos.

Joaquim Villalta, Vª Orden de Sabiduría, Gr.·. 9

Miembro del Sublime Consejo del Rito Moderno para el Ecuador
Miembro del Supremo Consejo del Rito Moderno – Brasil
Miembro del Gran Capítulo General de España

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