lunes, 28 de diciembre de 2009

Reflexiones para un Fin de Año “en Azur”

Comentaba un Q.•. H.•. belga la riqueza que suponía para el masón visitante apreciar en el transcurso de sus diversos viajes por distintos Orientes las diferencias en las prácticas rituales dentro de un mismo Rito, y que se mostraban ante sus ojos, entre sorprendidos y expectantes, a la vez que conmovían su corazón, viendo formas y usos logiales diferentes, en muchos casos de tradición local, y que habían ido transmitiéndose, cual rica escala cromática, desde los albores de la francmasonería especulativa en estas tierras, sobre el 1721.

En el Gran Oriente de Bélgica, por ejemplo, cada logia que trabaja en el seno del Rito Moderno, lo hace mediante un ritual que ella misma ha definido o heredado de su descomunal tradición histórico-masónica. Esta forma de práctica masónica nos evoca, cual reminiscencia, el desarrollo de la masonería continental, y francesa en particular, a lo largo del siglo XVIII, libre aún de fenómenos globalizantes y centralizadores que, en uno u otro sentido, tienen pros y contras.

El tema tiene miga, porque a pesar de los procesos de revisión ritual que en su momento encabezara Goblet d’Alviella para la masonería simbólica en Bélgica (sin duda por otros menesteres y vinculado estrechamente a los altos grados del REAA en lo personal), ese modo de operar masónico se ha mantenido de facto como “plus” de calidad, diría yo, pero también de gran responsabilidad a nivel logia en cuanto a asumirla como parte correspondiente de un “Todo” obediencial y ritual.

Los contestatarios aducirán la particularidad del Rito Moderno practicado en Bélgica y sus adopciones compuestas o importadas de otros ritos. Otros buscarán diferenciar o pulir el término Francés del término Moderno. Aún otros verán similitudes o conceptos sinónimos.
Sin duda alguna, yo soy de este último grupo, pensando como aquellos que en su día dieron a ambos términos un calificativo para una estructura específica que era sustancialmente diferente de otras prácticas rituales coexistentes.
Hubo incluso quien en cierto modo rehuyendo del término Moderno, utilizaba aquel hoy día extrañísimo término de “Rito Antiguo Reformado”, maquillando, tal vez, una apocada actitud y un complejo de incapacidad para desprenderse subconscientemente del despectivo nombre “Modern” que tan ricamente se sacaron de la manga los realmente neo-Antiguos.

Tras mucho indagar en la medida de mis medios y posibilidades, contrastar y meditar, llego a la conclusión de que sería un error otorgar la propiedad de un rito, en nuestro caso el Rito Francés, o el Rito Moderno a una obediencia en particular. Incluso también lo sería el pretender contemplar el Rito (como comúnmente se hace) como un cuerpo homogéneo y concatenado en 7 grados.
Vaya por delante que esta visión global axial entorno a la Rosa-Cruz, como gustan algunos, escapa absolutamente del concepto generador de la Masonería especulativa y de su procedimiento evolutivo con el que fue diseñado, y muy especialmente la francesa, en la que la experiencia “magisterial” es concluyente en el tercer grado: la palabra “no perdida” implica que no ha lugar a ninguna posterior búsqueda de nada, y deja en evidencia la real necesidad de grados ulteriores, con fundamento iniciático, como en alguna ocasión hemos debatido, aunque a día de hoy, estas estructuras de altos grados pueden ser unos excelentes centros de reflexión, análisis y productiva interacción masónica .

Sin embargo, las obediencias regularmente depositarias de una legítima y regular tradición masónica se han visto históricamente obligadas, o mejor dicho, inducidas por las Logias a las que se deben, a poner en práctica intentos de normalización, regulación y “controles de calidad” de aquello que representan por motivos diversos.
Este doble aspecto funcional de libertad logial y fidelidad ritual, solo es comprensible teniendo claro la estructura fundamental simbólica y filosófica del Rito Francés o Moderno. Esto mismo sería extrapolable a la masonería capitular donde, de facto, tal vez se lleva más a la práctica la libertad de usos rituales dentro del respeto a los fundamentos.

Si miramos a fondo los rituales en práctica desde Brasil hasta Holanda, pasando por Francia y Bélgica, y cómo no, en los países de habla hispana y Portugal, bastará hacer la prueba del algodón para ver que la interferencia, influencia o “composite” pluri-ritual se halla por doquier. No podemos ser garantes de algo sin conocer de facto, las especificidades de aquello que supuestamente nos da la característica diferencial.

Un Rito no son dos proclamas, una tri-divisa y unos conceptos filosóficamente amplios, pero vagos, y hacer un coctel con más o menos gracia. Es algo más. Y, curiosamente, algo más simple, pero que requiere de una labor bien hecha.
Nuestra capacidad de trabajo dentro de una libertad, pero conforme al Rito Francés o Moderno, pasa por nuestro necesario conocimiento de la arriba citada estructura simbólica propia, que será igual en sus diversas formas rituales manifestadas, y ello exige, muy especialmente, de la búsqueda de una excelencia de todos los Maestros RF, que serán en definitiva quienes tienen el peso y la responsabilidad de pasar la llama a generaciones venideras.

La búsqueda de ese conocimiento, simplemente da la llave para, siguiendo una tradición libremente escogida, hacer acopio de las herramientas necesarias que nos permitan devenir mejores seres humanos y buscar una coherencia entre nuestros actos y los principios que representamos a todo nivel.
El estudio del Rito, lleva al desmenuzamiento de aquello que antes (la masonería) no tenía calificativo alguno, ver todos sus componentes fundacionales, cotejar y profundizar en otros Ritos, y desde ahí, con fundamento, trabajar en libertad, individual, logial, obediencial.
Porque sin conocimiento, la libertad no es posible y la evolución precaria.

Este tipo de labor que suele llevarse a cabo en el seno de Círculos de Estudio, o Logias de investigación a tal efecto, raramente van “a tempo” con la rutina diaria de los trabajos y dinámicas de las Logias.
Es por ello que me alegra enormemente comprobar como se han iniciado proyectos de estas características a nivel inter- Logial en el seno de mi Obediencia, el Grande Oriente Ibérico, consecuente con su mensaje de aproximación, reflexión e intercambio, que estoy seguro dará unos bellos frutos en las Columnas de sus Talleres y en los Capítulos del Gran Capítulo General del Rito Francés de España.

Joaquim Villalta
M.•. M.•. del Grande Oriente Ibérico
Miembro del Círculo de Estudios del Rito Francés “Roëttiers de Montaleau”

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