viernes, 20 de noviembre de 2009

Regularidad: Anderson, Désaguliers y compañía (I)

Después de la lectura del último libro del Hermano e historiador Patrick Négrier, siento una cierta tristeza al ser presentado por el autor como su último trabajo, cual piedra de bóveda de su ingente obra masónica.
Libro inmenso, con un procedimiento metodológico exquisito, documentado, fiable y analítico, pone la guinda al pastel abordando sin contemplaciones, pero con exquisita naturalidad, los fundamentos masónicos, jurídicos y constitutivos de un tema tabú y electrizante para algunos, de forma clara, precisa, y con una argumentación con base masonológica incontestable.
Este libro con el título “Arte Real y Regularidad en la tradición de 1723-1730” no se encuentra disponible por ahora en lengua castellana (algo a lo que ya estamos acostumbrados los masones de nuestros orientes y que tanto ha frenado y limitado nuestro progreso falto las visiones y trabajos más actualizadas, creando un “décalage” en ocasiones de varias décadas con nuestros vecinos más próximos del norte de la península.
Llevando a cabo su peculiar estilo de trabajo contrastado, explicativo, analítico, contrastando hipótesis de trabajo para desestimar o dar fe de los resultados obtenidos, empapa al autor de forma reiterada de las nociones indispensables hasta hacerlas propias, no quedándose como un puro ensayo de opinión, sino mostrando una y otra vez, y las veces que haga falta, los fundamentos conductores que llevan al objetivo propuesto en su obra.
Libro que es perfectamente legible por sí mismo, es deseable sin embargo que se encuentre apoyado por la lectura de toda su obra bibliográfica y ensayística previa, a ser posible. En en esa visión global de conjunto donde se aprecia con todos los matices la ingente tarea que este hermano ha aportado a la historia de la Masonería y que da la llave comprensiva de la génesis de nuestra masonería especulativa, su esencia y objeto iniciales, evolución y la finalidad de la misma.

Personalmente pienso que hay un antes y un después de la labor de este historiador. A muchos de nosotros nos ha abierto los ojos y puesto a nuestra disposición de forma generosa todo un material que nos acerca más a la verdad histórica, y nos aleja del errático boca-oreja que tantas veces se ha tomado como cierto, siendo en realidad absolutamente falso, errático y manipulado. Sus obras además, van como siempre acompañadas de un desarrollo simbólico, hermenéutico y filosófico, sólo al alcance de muy pocos, en la que la utilización de materiales y comparativas rituales desmenuzadas al más mínimo detalle ponen de manifiesto un procedimiento científico riguroso.
Vaya pues mi gratitud y reconocimiento a un autor que me ha marcado profundamente.

Négrier propone ya de entrada, sin más preámbulos, la directa preguna:
¿Qué es la francmasonería regular?
Y es sobre esta noción de Regularidad masónica la que intentaremos comprender, definir y asumir con su ayuda en este trabajo.

Para hablar de regularidad en sí precisamos hacerlo en relación a un modelo regulador. Si a la vista de la historia de la francmasonería especulativa consideramos, como es legítimo, la Gran Logia de Londres de 1717-1730 como el modelo de regularidad masónica (un modelo perfectible en razón de su misoginia y de su posición conservadora con relación a la esclavitud debido al lastre del contexto histórico-social), ¿qué modelo de regularidad nos dibuja esta obediencia?
Cuando se habla de una obediencia masónica, debemos recordar en primer lugar que la francmasonería salida de la Gran Logia de Londres de 1717-1730 se compone de dos elementos:
a) Un elemento ritual (el rito del “Mason Word” en sus tres grados de aprendiz, compañero y maestro, rito de inspiración bíblica creado hacia 1637 por la logia madre escocesa y calvinista de Kilwinning y que alcanzó su punto culminante de desarrollo en 1730 con la adjunción final de la leyenda de Hiram)
b) Y un elemento jurídico (las Constituciones de Anderson de 1723, en las cuales la segunda parte titulada “Los Deberes de un Francmasón”, fue redactado por Jean-Théophile Désaguliers, que recordemos, era doctor en derecho.

Es por consiguiente regular en el plano ritualístico una obediencia masónica que practique el rito del Mason Word (ya desarrollaremos en otro estudio sus variantes, herederos próximos actuales y particularidades por lo que este representa y contiene) en sus tres grados constitutivos, siendo otros ritos más tardíos sistemas de los denominados Altos Grados que son distintos del rito del Mot du Maçon practicado en 1717-1730 por la primera Gran Logia de Londres.

Finalmente, es regular en el plano jurídico una obediencia masónica que, conformemente a los “Deberes de un Francmasón” de las Constituciones de 1723, reivindique no un punto de vista teórico por esencia incapaz de reflejar fielmente la diversidad indefinida de las posiciones teóricas de sus miembros, sino que reivindique exclusivamente la universalidad práctica de la religión natural, o sea, la práctica espontanea de la ley moral universal naturalmente inscrita en el corazón de todos los seres humanos de todas las épocas, reconocida por los “Deberes” de 1723, como siendo el más pequeño denominador común del conjunto de los francmasones, no teniendo una obediencia masónica regular por vocación sustituir a sus miembros para pensar en su lugar, y dejando por consiguiente a cada uno de dichos miembros la libertad y la responsabilidad de auto-determinarse en el plano teórico en su búsqueda progresiva de la verdad al que no sabría asignar unos límites.

Una obediencia regular que observa escrupulosamente los “Deberes de 1723 no impone por tanto ninguna ortodoxia y se contenta humilde y eficazmente de reivindicar la correcta práctica moral como el sólo bien común del conjunto de sus miembros, sabiendo perfectamente que si esta orto-praxis moral es la única condición para poder devenir francmasón y para poder ser “recibido en logia, la práctica en logia del rito de las características del Mason Word tiene por función completar discretamente esta correcta praxis moral abriendo a cada practicante de este rito unas perspectivas simbólicas que su trabajo personal de interpretación transformará en consciencia sin que le sea nunca posible de erigir él mismo a su vez dicha forma de consciencia personal en ortodoxia directamente exportable en la consciencia de los demás.

En lo que concierne a estos dos componentes de la regularidad masónica entendida según la tradición de 1723-1730, ciertos errores o incomprensiones han nacido de lo que algunos han querido interpretar la posición de las Constituciones de 1723 como una expresión de posiciones teóricas individuales de unos masones, mientras que en realidad define el punto mínimo común del conjunto sin excepción de los diversos miembros de la Obediencia de la Gran Logia de Londres (y ulteriormente de las Grandes Logias salidas de esta última). No pudiendo ser definidas por un texto único las posiciones teóricas individuales de los masones (que nunca podrá conciliar las corrientes de pensamiento irreductibles e irreconciliables entre ellos) y constituyendo únicamente de este modo el resultado de la simbólica del Rito del Mason Word, rito que tan solo puede vehicular una simbólica y no un pensamiento dogmático explícito, para unir en el seno de una misma logia a masones ideológicamente opuestos.

Joaquim Villalta
M.•. M.•. del Grande Oriente Ibérico
Miembro del Círculo de Estudios del Rito Francés "Roëttiers de Montaleau"

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