martes, 15 de septiembre de 2009

Sobre los Órdenes y Altos Grados (y III)

El “Manuel du Franc-maçon” de 1817, de Étienne François Bazot, obra de interesantísima referencia para conocer la vivencia y usos de la Orden en nuestro país vecino durante los inicios del XIX desde diversos aspectos, tiene en su estructura una sección de su Segunda Parte dedicada a un vocabulario de palabras y expresiones masónicas. En ésta, donde los define con mayor o menor profundidad, expresa también su sentir y opinión en lo referente al tema que nos ocupa. Así, en la pág. 157, en “Ritos”, Bazot se expresa como sigue:

Hay dos (ritos) universalmente conocidos, el rito francés (rito moderno)y el escocés (antiguo y aceptado); el Gran Oriente de Francia admite el uno y el otro... (Prosigue aquí con una enumeración de todos los grados simbólicos y Altos Grados de ambos ritos).. Esta denominación de los grados de los dos ritos bastaría para determinar la opinión, y para fijarla en el caso que fuera indecisa; pero si existiera la mínima duda, el aumento y la falsificación de múltiples grados (degrés) o grados (grades) escoceses (remarcar la diferencia de ambos conceptos en francés, el primero como referido a fases progresivas, y el segundo relativo a una cualidad adquirida), por los mismos sistemas Escoceses, las declaraciones, las pretensiones, las discusiones de los hermanos que componen el rito antiguo aceptado, hablarían tan inteligiblemente al buen sentido del verdadero Fran-Maçon, que resultaría de la mayor superfluidad demostrar la simplicidad preciosa del primer rito, y la complicación inexplicable del segundo. Feliz aquél que sabe ver bien, y que enemigo de las ilusiones y de las debilidades de un orgullo insensato, se limita a lo que es esencial y bien determinado, y huye con disgusto de todo lo que es vago y de puro exceso.

Tomamos un poco de aire para como buenos masones –al menos lo deseamos-, mostrar nuestro respeto a todos los ritos regularmente practicados, aunque no debemos perder de vista las reflexiones que hacíamos al inicio de este ensayo y que, como tal, toda autoevaluación debe ser tendente a obtener unas lecturas útiles y productivas que no nos hagan perder de vista ni las realidades históricas ni –lo más importante- las esencialmente masónicas, valorando las virtudes metodológicas, pero evitando “levitaciones” en el ego repulsivas.

Si lo anterior ha podido darnos una muestra del sentir de amplios sectores del momento, aún se expresa más contundentemente Jean Claude Bésuchet de Saunois en el Primer Tomo de su ”Précis Historique” de 1829. Creo que merece la pena transcribir el contenido completo cuando haciendo su recorrido histórico por el año 1758, expone su punto de vista de forma clara y rotunda en la pág. 37 de este volumen:

Este año vivió el establecimiento en París de un “Consejo de Emperadores de Oriente y de Occidente, Soberanos Príncipes Masones”. Los conocimientos masónicos fueron divididos en veinticinco grados (ver 1786).
Aquí se escapan dolorosas reflexiones a pesar nuestro sobre esta triste manía de los grados.
La masonería, en su origen, estaba compuesta como se ha visto (1725 –referida a Francia-)de los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro: grados simples, sabios, juiciosos, deduciéndose bien los unos de los otros, sobretodo los dos primeros. Los masones franceses fueron fieles en seguirlos y mantenerlos. Dos Lords, el duque d’Antin, un príncipe de sangre, toda la alta nobleza se contentó con ello. Llevando el “mandil de masón”, el venerable “cordón de Maestro”, probaron la estima que la modesta institución les inspiró. Como la joven virgen que en absoluto ha corrompido todavía los vicios de la sociedad, la masonería era bella por su simplicidad nativa.
Es de Escocia, o mejor dicho, del Escocés Ramsay (ver la “introducción” y el año 1736), de donde partió el sistema funesto que rompió la unidad de doctrina, y desnaturalizó tan tristemente esta bella simplicidad.
El doctor Ramsay intentó introducir en Inglaterra su creación de nuevos grados, la Gran Logia de Londres los rechazó. Unos débiles, curiosos, especuladores los buscan, se apoderan de ello, e inoculan estas peligrosas innovaciones en Francia como en Inglaterra; hombres crédulos y hombres ávidos por más de un título los acogen y los propagan.
Todo se resiente del lastimoso impulso. Los masones lyoneses (1743) crean o arreglan el “sistema templario”, inevitable producto del “caballero del Temple” de Ramsay, Stuart instutuye (1747) un “Capítulo primordial”; el caballero de Bonneville cree disminuir el mal estableciendo (1754) un “Capítulo de altos grados” para los masones distinguidos. Vino seguidamente en “Consejo de Emperadores de Oriente y de Occidente, Soberanos Príncipes masones” con sus veinticinco grados.
Simples “aprendices, compañeros y maestros” ¿qué sois vosotros al lado de los Emperadores de Oriente, de Occidente, de los Soberanos Príncipes masones?...
¡Romped vuestras herramientas, cesad unos trabajos vulgares, flexionad la rodilla ante los Altos y Poderosos hermanos emperadores de oriente y de occidente!
Escuadra, regla, nivel, el nivel sobre todo convertido en ridículo, puesto que los masones reconocen a unos superiores; desapareced, he aquí unos títulos principescos, cintas de mil colores y cruces de toda especie. Vosotros no sois más que masones de la clase popular, ciudadanos, sabios, magistrados, grandes señores, príncipes de sangre que tan sólo sois “Maestros”; dejad sitio a los Ilustrísimos “Emperadores de Oriente y de Occidente”, entre los cuales figuran el maestro de danza Lacorne y el sastre Pirlet...

Esperemos que tras estas dos breves pinceladas, el artículo completo pueda ser, parafraseando a un conocido autor masónico, al menos un humilde “soporte para la meditación”.

Los mecanismos que provocaron la progresiva fagocitosis, disolución o llámese como se quiera de las Órdenes del Rito Francés a partir del segundo cuarto del siglo XIX precisamente en su país de nacimiento, es un tema que abordaremos en otros artículos en la medida de lo posible.

Joaquim Villalta, M.·. M.·. del G.O.I.
Miembro del Círculo de Estudios del Rito Francés “Roëttiers de Montaleau”

2 comentarios:

  1. Si este texto lo firmáramos,yo lo firmaría, y lo expusiésemos como nuestro a buen seguro que terminariamos en la hoguera.
    Es bueno el texto en dos vertientes, una por haberlo traído e ilustranos en es a labor tan pedagógica tuya y dos; porque de esta manera vemos que la historia no es tan lineal como nos han contado y que los duros debates rituales estaban presentes en la vida masónica
    UN TAF y animo

    Victor Guerra

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  2. Mi Q.·. H.·. Víctor:

    Agradezco infinito tu fraternal valoración y admito que yo también firmaría el contenido de los textos históricos expuestos. La hoguera siempre está presta por algunos, pero esa hipotética tendencia hacia la piromanía fraternal -que no es cosa de hace cuatro días-, más que retener, estimula en la búsqueda del entendimiento, el avance, el progreso y, a poder ser, de la verdad.
    Qué te voy a contar!

    Con gratitud, recibe mi TAF

    Joaquim Villalta

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