viernes, 2 de enero de 2009

Año Nuevo: más Rito Francés

Siempre me ha apasionado el estudio de los Ritos y su evolución, sus orígenes con frecuencia heterogéneos y/o confusos, sus mezcolanzas propias de mediados del XVIII, aún necesitadas de un sentido de “Regulación” que reordenara lo aparentemente anárquico en su despliegue de gradaciones, sus múltiples interacciones, lo genuino y lo fantasioso de algunas de sus manifestaciones. Esa misión imposible de hallar la “fuente y origen” tanto en su plano formal como esencial, desde su naturaleza simbólica hasta la espiritual o trascendente. Ver la mano del hombre en este proceso en el que se entrelazan mitos y leyendas, elucubraciones y fantasías, realidades y ficciones.

Finalmente, en esta apasionante aventura, puedes cotejar discursos que describen las bondades de unos u otros tan sólo con intentar percibir si se encuentra ese equilibrio entre “prédica” y “practica” (de la que hablo con frecuencia, porque es la prueba “del algodón”), cualidad masónica teórica con su aplicación vital. Y eso es otro cantar. Porque todo es “bueno o malo” en función de sus efectos por más pedegree que se tenga, y a día de hoy, ni los listos son tan listos, ni los tontos lo son tanto.

Por fortuna contamos con excelentes HH/nas.·., investigadores, filósofos, antropólogos, masonólogos, historiadores, artistas... que dedican horas, días y años de su vida en ese quasi infinito “tirar del hilo” y analizar con lupa y con amor la esencia francmasónica. Pero mirando también hacia delante. Qué suerte contar con su trabajo de incalculable valor. Merecen todos mis respetos y admiración.

Mi modesto caminar me ha llevado a investigar con mayor o menor profundidad algunos Ritos de Tradición. Sin duda el Rito Francés que practico es el que “tengo más por mano”, pero precisamente ha sido mi entusiasmo por el mismo, el que me ha empujado a interesarme por algún otro del que pudiera adquirir referencias válidas de contraste, y del que recibir aportaciones siempre enriquecedoras y bienvenidas. Y ese Trabajo de campo lleva a conocer al “masón-hombre” moldeado y reordenado con mayor o menor “fineza”. No deja de ser curioso llegar a la conclusión de lo que podía aparecer evidente desde el principio: con el paso del tiempo, elegimos finalmente aquel Rito o “sistema ritual” (si me permitís la frivolidad del término) que mejor se adapta a nuestra peculiar naturaleza y sensibilidades, a nuestra visión del Ser Humano y del Cosmos, a nuestra ética y convicciones fundamentales, a aquello con lo que queremos o creemos estar comprometidos.

Y desde el respeto hacia todos yo he elegido el Rito Francés: porque me ofrece la metodología que se adapta a mi visión, sin coartarme mi “libertad para buscar”, una búsqueda eterna, incesante, tendiendo y buscando manos hermanas, cuyos compromisos determinantes son la praxis del amor. Pero del verdadero: en pensamiento, palabra y obra.

Cuando decimos que la Masonería falla por algún lado, no falla nuestra Orden, fallamos las personas, incluso aquellas que se creen ignorantemente instaladas en la Cátedra de la Verdad Absoluta. Estas son las personas del contraste: las que destruyen en dos días lo construido en años por otros. Los que enquistan posiciones, los que involucionan cuando nadie les ha pedido renunciar a nada. Los molestos con los que piensan de forma distinta. Los empeñados en nadar a contracorriente de los suyos propios. Por fortuna cada vez son los menos.

Empecemos pues, este año con el optimismo con el que acabamos el anterior, procurando desde esta tribuna acercar con toda buena voluntad elementos masónicos generales de reflexión, así como aspectos específicos del Rito Francés Moderno al que este blog está dedicado.

Con gratitud, Feliz 6009

Franz
M.·. M.·.

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